No podría colarme allí dentro. ¿Qué haría entonces? Toda la correspondencia les es bloqueada, y si no eres capaz de aguantar como un tanque no entras. La infiltración era lo único que necesitaba, y lo único que me era imposible conseguir. Exasperado, sabiendo que el tiempo corría en mi contra y escupiéndome filardos mientras se reía cual jinete sin cabeza, tomé el caballo esquelético y me encaminé en busca de ayuda espiritual.
Mientras atravesaba Durotar recordé mi primer viaje en halcón zancudo: se lo comieron los crocoliscos. Pobre Luis Gabriel. Y mi segundo halcón zancudo murió de una insolación. Así que antes de que los de DEHTA se me echaran encima, decidí comprarme la solución más cómoda: un montón de huesos que corren, no comen, no se paran y no defecan. Eso sí, mejor tener cuidado con los paladines fanáticos, nunca sabes cuándo te lo van a bendecir.
Afortunadamente el mar de divagaciones se secó cuando vi la primera choza del Poblado Sen’jin. O en el dialecto local, Poblao Senjin colega. Había crecido bastante en casas, comercios y en olor. Hasta un comerciante se vanagloriaba de haber traído un exquisito plato exportado de Tuercespina: Humano frito. Pensé en probarlo, pero recordé que la gente dice que sabe como el halcón zancudo y me entristeció tanto que tuve que abandonar la idea. Snif.
Me aproximé a la tienda de campaña estilo tauren que estaba algo separada del propio núcleo de chozas. Dejé a Flashito aparcado con la orden de dar coces a los paladines que se le acercaran, y me encaminé hacia la “entrada” de la “Sede del fantástico Mul’jin”. Un médico brujo, o eso decía ahora el caraculo este. Cuando estuve seguro de que me había oído llegar, pronuncié demasiado bajo unas palabras intrascendentes, para que acercara la brillante cabeza a la “puerta”.
-bsbsbs-dije mientras oía que se movía.
-¿Qué? ¿quién…?-de repente pareció recordar que tenía que comportarse de forma digna, cual médico brujo, recobró la compostura y dijo con voz solemne:- ¿Cuáal es tu preguunta, mortaal? El Gran Mul’jin te responderáa.
Tuve que contener mi risa ante semejante patochada. Pero como no quería faltarle al respeto a los médicos brujos honrados, respondí con total solemnidad, con esta voz de trueno que Kael’thas me dio:
-Zorra sifilítica vendida a los Defias.
El único trol sin acento asomó la cabeza, asombrado ante tamaño insulto. Se iba a enterar. Seguro que era el niño de dos casas más al sur, que siempre le daba por saco. Y cuando estaba a punto de distinguir la figura del crío, vio un destello, un objeto acercándose a su calva a la velocidad de la luz.
El golpe sordo resonó hasta Luis Gabriel. Me había quedado a gusto con ese bastonazo, como en los viejos tiempos.
-Jodido Kompae, ¿se puede saber qué coño haces vestido de imbécil?-dije, alegrándome por haberle encontrado-
-Sabía que eras tú, casho guarra. Pues ganarme el pan y las trolitas, qué voy a hacer. Hasta que me has abierto la cabeza, claro. – dijo, levantándose y apoyándose en la pared de roca que poblaba Durotar. ¿qué te trae por aquí, elfo bastardo?
-Necesito tu ayuda. Patapun ha muerto.
Conteniendo la conmoción del momento -o del bastonazo- me indicó que entrara en la tienda y, una vez dentro, nos sentamos.
-Y… ¿cómo fue, Sak? ¿qué le pasó?
-Alguien lo hizo pasar por uno de los borrachos que se tiran de campanarios… estoy seguro de ello. Como tambien lo estoy de que alguien está persiguiendo a los tres tauren y a los que los rodean. No tardarán mucho en atacar a los otros dos, y tengo que avisar apresuradamente a Tikitaka y Maldini, pero, como sabes, están recluídos en el Centro Tanquístico de Mulgore y de allí no sale, ni entra, nadie que no sea un tanque.
-No podemos hacel-lo solos, necesitaremos a alguien que se infiltre ahí dentro, y eso es más complicado que robarle el tanga a Mal’ganis -dijo, asumiendo con rapidez los hechos.- Bueno, conozco a un personaje que nos puede echá una mano… el capitán…
Sabía a quién se estaba refiriendo. Sí, era el mejor… en vida. Lamentablemente, murió entrenando con un cazador. No tuve más remedio que recordárselo.
-Kompae zorra, tu asqueroso tigre le arrancó la cabeza élfica de los hombros.
-Ya, ya lo sé, joder, no te permiten un fallo los jodidos sacerdotes. ¿qué quieres, que me confiese? ¡Púdrete!
-El que está podrido es el capitán. ¿Qué pretendes hacer?
Sabía que estaba tramando algo. Pero cuando Kompae tiene un plan, hay que seguirle. Puede parecer un trol extraño, sin acento y con muy pocos barbarismos en comparación con sus compañeros. Pero de lo que estoy seguro es de que, mientras nos dirigíamos al norte de Durotar, estaba cabalgando con uno de mis mejores compañeros de aventuras juveniles. Por aventuras juveniles, entiéndanse las más sangrientas, y con mayor peligro de no seguir envejeciendo de todo Orgrimmar. Ah, y de tener cirrosis.
-Hey, Sak.
-Diga.
-Zorra.
-Puta.
Así era Kompae, el psicópatrol. Y yo le hacía el juego.
PD: Estamos ocupadillos en estas semanas entre trabajos y temas personales, por eso no hemos posteado. Pero ya hemos vuelto.